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¿Puede la IA sustituir a un corrector de textos profesional?

  • Foto del escritor: Marian Viladrich
    Marian Viladrich
  • 26 mar
  • 4 Min. de lectura


Es probable que, si eres escritor, en los últimos meses hayas probado alguna herramienta de inteligencia artificial para revisar algún texto o que al menos te hayas planteado hacerlo, aunque solo sea por curiosidad. Es normal. Prometen rapidez y efectividad y, además, muchas son gratis (al menos, de momento). El gratis pesa mucho para buena parte del sector, a veces más que otras cuestiones.


En los últimos años han proliferado las herramientas de inteligencia artificial capaces de revisar textos en segundos, así que en redes es frecuente encontrar el mismo debate una y otra vez. Muchos se preguntan si estas soluciones pueden sustituir el trabajo de un corrector profesional, si van a dejar de contratarnos las editoriales o si los autores autopublicados prescindirán de nuestros servicios porque la IA puede hacer nuestro trabajo.


La respuesta breve es no. «Claro, qué va a decir si es correctora de textos», pensaréis. Bueno, dejando aparte el medio de vida que me permite pagar las facturas, he procurado ser honesta en mi análisis tras estudiarlo durante meses, ver cómo funciona la IA, leer artículos y trabajos de investigación sobre el tema y recabar opiniones del sector (correctores, editores y escritores) para entender bien el funcionamiento de la IA en la corrección literaria. Y mi conclusión es que la inteligencia artificial puede ser una buena opción en determinadas fases del proceso, no podemos negarlo, pero creo que todavía está lejos de reemplazar el criterio humano que exige una corrección editorial de calidad.

 

Lo que la IA hace bien

Sería deshonesto negar los avances de la tecnología. Las herramientas actuales son rápidas y eficaces para una primera revisión mecánica del texto, sobre todo si no es muy largo. En general, la IA funciona bien para  detectar faltas de ortografía evidentes, señalar errores gramaticales básicos, encontrar repeticiones claras (de palabras idénticas, aunque no de las derivadas) y proponer reformulaciones sencillas.


Para muchos autores, especialmente en fases tempranas, esto supone un ahorro de tiempo considerable. Usada con criterio, la IA puede dejar el manuscrito más pulido antes de una revisión profunda. Eso, sí: hay que saber indicarle bien lo que quieres que haga con el texto y fiarte de que no malinterprete la normativa, algo que hace con mucha frecuencia en cuanto se sale de las normas básicas. Así que solo resulta aconsejable acudir a la IA si tienes un buen dominio de la normativa ortográfica y gramatical y vas a saber si el cambio que te propone es correcto o vas a contrastarlo con otras fuentes.

 

Donde la IA se queda corta

La corrección profesional no consiste solo en aplicar un conjunto de reglas básicas dadas por la RAE. Implica entender qué quiere hacer el texto y cuál es la intención del autor. La IA tiende a uniformar el estilo, a simplificar en exceso y a homogeneizar la voz narrativa. Le cuesta identificar sarcasmos, dobles sentidos o metáforas originales y, por supuesto, identificar qué expresiones encajan con cada personaje según su personalidad, origen y contexto. Un corrector humano, en cambio, valora cuestiones como la voz del narrador, el tono de los personajes, el ritmo de las frases o la intención estilística, todas ellas características especialmente delicadas en textos literarios.


Además, la IA no se maneja bien en textos largos, al menos de momento. Su visión de conjunto es limitada, así que no detecta incoherencias entre capítulos, cambios de registro no intencionados, contradicciones internas o hilos de trama sueltos. Un corrector profesional lee la obra como un sistema completo, no como fragmentos aislados.


En cuanto a la ortotipografía, ya hemos visto que puede corregir errores básicos, pero, aunque los correctores automáticos han mejorado mucho, todavía fallan en la interpretación de la normativa, la aplicación de criterios editoriales específicos, convenciones complejas o decisiones tipográficas no mecánicas.


Y ya el colmo es que a veces corrige lo que no está mal. O incluso propone cambios que modifican matices de significado, alteran la voz del autor o son innecesarios. Por eso, aceptar todas las sugerencias sin revisión humana puede empobrecer el texto y eliminar su originalidad.

 

Pérdida de control del contenido

A todo esto, hay que sumarle que entregarle tu novela a la IA supone una pérdida del control del contenido. Ya no está solo en tu ordenador, sino que se la has confiado a un tercero, pasa por servidores externos y desde ese momento depende de la política de plataformas sobre las que no tienes ningún control.


No sé si la IA puede darle a otros tu contenido (mi investigación no ha llegado a tanto y no quiero decir nada en este sentido si no puedo probarlo), pero sí sé que utiliza los textos que le damos para entrenarse, así que es bastante probable que aprenda patrones y estilos de los textos que le entregues y no te garantiza confidencialidad absoluta. Conviene valorar esto antes de entregarle a ciegas una novela inédita. No creo que vaya a copiártela, pero ya ha dejado de ser solo tuya. En cambio, un corrector profesional te garantiza confidencialidad absoluta.


En conclusión, creo que la IA puede ayudar a detectar errores básicos y permite hacer una primera limpieza del borrador, sobre todo si tienes conocimientos y criterios sólidos para valorar sus propuestas o lo utilizas solo para fragmentos concretos en los que tengas dudas y no para textos largos. Pero una novela necesita algo más que correcciones automáticas, así que creo que los correctores profesionales aún podemos ofrecer mucho más que una IA, como criterio editorial, atender al contexto, garantizar la voz del autor y una sensibilidad lingüística de la que carece que, al menos de momento, la inteligencia artificial.


En la newsletter del mes que viene ampliaré este tema de la corrección con IA con ejemplos prácticos. ¡Apúntate a mi lista de correo si no quieres perdértela!




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Sobre mí

¡Hola! Soy Marian Viladrich, escritora y correctora profesional. 

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