Ingredientes para escribir una buena novela navideña
- Marian Viladrich

- 11 dic 2025
- 6 Min. de lectura

Me encantan las novelas navideñas. Soy una fan del género y todos los años caen varias historias ambientadas en estas fiestas (de hecho, ya os hice hace tiempo una recomendación de lecturas navideñas). Este año, además, he tenido la suerte de corregir tres novelas navideñas, encargos que, como podéis suponer, he disfrutado muchísimo.
Pero ¿qué hace que una historia navideña funcione? No basta con poner un árbol, un beso bajo el muérdago y una taza de chocolate caliente (aunque, por supuesto, a muchas lectoras nos encante encontrarnos esos elementos). Escribir una buena novela navideña tiene su propia receta y hoy quiero revisar contigo algunos de sus ingredientes esenciales.
Una atmósfera sensorial
En este tipo de novelas, la Navidad es un personaje más: la ciudad iluminada, el olor a galletas recién horneadas, el sonido lejano de los villancicos que canta un coro… Sin embargo, es demasiado fácil caer en el cliché. A ver, el cliché forma parte de lo navideño, pero un poco de originalidad no viene mal.
Para evitarlo, una buena opción es tener en cuenta los cinco sentidos: la suavidad de una bufanda, el vapor de una bebida caliente, la intensidad de la canela en un dulce navideño... No se trata de describir en exceso, sino de crear una atmósfera que el lector pueda oler, tocar y saborear. A menudo, en las novelas nos centramos en la vista, como mucho a veces nos acordamos del oído, y olvidamos el resto de los sentidos. Las tradiciones navideñas están repletas de olores, sabores y texturas que no deberías desaprovechar en tu relato.
Consejo no pedido: revisa tus descripciones para evitar frases demasiado gastadas (del tipo de «los copos de nieve caían suavemente») y busca imágenes algo más originales.
Personajes con corazón (y dificultades)
El espíritu navideño no elimina los problemas. Tus personajes deben tener heridas, miedos y deseos reales; es decir, deben tener conflictos que resolver. Por supuesto, no serán trágicos ni oscuros, a fin de cuentas, se trata de una novela navideña, pero sus vidas no pueden ser perfectas.
Los arquetipos que siempre funcionan en este tipo de historias son los de transformación: el abogado gruñón que no soporta la Navidad hasta que un acontecimiento cambia su perspectiva; la anciana solitaria que encuentra compañía en una familia inmigrante; el niño que aprende a perdonar a ese padre que siempre lo decepciona; la ocupadísima publicista que ha olvidado la importancia de atender a sus seres queridos. Sí, claro, son patrones muy conocidos; como siempre, de ti depende darles entidad propia.
Un conflicto pequeño, pero significativo
Como veíamos, las novelas navideñas no necesitan grandes tragedias. Así que nada de dramatismos. El conflicto se encuentra en lo cotidiano: la distancia entre dos hermanos, una promesa incumplida, una tradición familiar en peligro, un vuelo cancelado por una tormenta.
Lo importante no es la magnitud del conflicto, sino que trate algo íntimo y reconocible. Salvo que escribas thriller o novela de terror y quieras ambientarla en Navidad. En ese caso, no hagas caso de este apartado (ni de casi ninguno, en realidad, porque este artículo no se refiere a esos géneros); puedes intensificar la trama todo lo que quieras y añadirle toda la tensión y carga dramática que necesites para que tu historia funcione.
La localización: el escenario de la Navidad
La ambientación es parte del alma del relato: puede ser una ciudad caótica, un pequeño pueblo donde todos se conocen o incluso una cabaña perdida en el bosque. La localización define el tono. Así, un pueblo nevado invita al calor comunitario y a las segundas oportunidades (¿o no hemos visto cientos de películas con esa chica que regresa en Navidad a su pueblo de Vermont y se reencuentra con su primer amor y unos vecinos adorables?); una gran ciudad permite explorar la soledad anónima o los encuentros inesperados; y un entorno cálido o exótico rompe los clichés invernales y demuestra que el espíritu navideño no depende del frío ni de la nieve. En Europa siempre asociamos la Navidad a esos elementos, pero conviene recordar que, para la mitad del mundo, es verano en esa época. ¿Qué tal un relato que aborde las Navidades en Colombia o en Australia?
Truco de corrección: en la revisión final, busca la frecuencia con la que se repiten palabras como magia, Navidad o amor. Si abusas de ellas, pierden brillo. Seguro que puedes transmitir lo mismo empleando otras palabras o redactando la frase de otro modo.
Personajes secundarios que acompañen a los protagonistas
Como en toda novela, hay que cuidar los personajes secundarios. No son solo gente que está ahí para que la protagonista les cuente que odia la Navidad porque Papá Noel nunca le traía el regalo que quería. Funcionan como apoyo del protagonista, contraste o impulso narrativo, y a menudo son quienes aportan calidez, humor o un conflicto adicional (sin robar el foco principal; cuidado con esos secundarios que quieren quedarse con la novela, que los conocemos bien).
Pueden ser familiares con tradiciones peculiares, vecinos que guardan secretos o amigos que ofrecen refugio. Su presencia ayuda a que el mundo del protagonista se sienta real, aportan complejidad a la historia y permiten explorar temas desde otras perspectivas.
Qué contar: definiendo la trama
La trama dependerá del género en el que se inscriba la historia. La Navidad puede ser el telón de fondo de argumentos muy distintos: desde romances hasta asesinatos, pasando por secretos familiares o aventuras fantásticas.

Las novelas románticas y feel good plantean historias de amor, de reconciliación y segundas oportunidades. Son las grandes triunfadoras del género navideño. Las hay de muchos estilos: reconfortantes y llenas de guiños literarios, como en Una Navidad londinense, de Mónica Gutiérrez (que es la última novela navideña que he leído); de las que te llevan a pueblos entrañables donde coges cariño hasta al apuntador, como en Con suerte… en Navidad, de Mayte Esteban; las hay divertidas y ligeras, como Maldito muérdago, de Sandra Rein; o con tropos que siempre funcionan, como el fake-dating o la convivencia forzada, como sucede en las novelas navideñas de la serie Pasadena Lovers, de Ivette Chardis y Mònica Linares: Jack y una novia por Navidad y Axel y un intercambio por Navidad.
Nota: Os pongo los enlaces por si queréis echar un vistazo a alguno de los libros y facilitaros la vida, pero yo no me llevo nada por ello, que no es publi.
Los relatos clásicos —como Canción de Navidad, de Charles Dickens— transmiten valores universales. El cozy mystery propone historias de suspense ligeras ambientados en escenarios navideños, como sucede en Navidad, dulce Navidad, de Joanne Fluke, o en Una Navidad envenenada, de Christina Romeril. Por supuesto, los cuentos infantiles y las historias de fantasía han recurrido a menudo a la Navidad, como en El planeta de los árboles de Navidad, de Gianni Rodari, o El chico que salvó la Navidad, de Matt Haig (este no lo he leído, pero he visto la película y me gustó mucho). Y hasta en el género epistolar hay cabida para lo navideño, como demostró J.R.R. Tolkien en Cartas de Papá Noel.
El ritmo y el tono adecuados
Una buena historia navideña avanza con agilidad, pero puede permitirse momentos de calma. Combina ternura, humor y emoción. La nostalgia es bienvenida, siempre que no se vuelva empalagosa (sí, es un riesgo en el que se puede caer; hay que procurar no pasarse con el azúcar). Si es una comedia navideña, tendrá que hacer reír; si es romántica, suspirar; si es un cozy mystery, añadirá un entretenido punto de intriga; y si es una novela seria, dará pie a un tono más reflexivo.
Un final esperanzador
Lo importante de un relato navideño es que el lector cierre el libro con una sensación de calidez interior. La esperanza puede ser pequeña, pero debe emocionar y adaptarse al género que trate. Una novela romántica navideña puede acabar con un beso bajo la nieve, pero el resto de géneros no tienen por qué terminar con un final feliz tan explícito. Puede ser con una reconciliación, una promesa, una puerta que queda abierta… Lo importante es la sensación de bienestar que deja ese final.
Escribir una novela navideña es mucho más que elegir un escenario cubierto de nieve . Más allá del argumento o del género, lo que perdura es la sensación que deja. Así que, si estás pensando en escribir una novela navideña, céntrate en las emociones. Porque, al final, esa es la magia de la Navidad (y de los buenos libros).
En fin, tentadme, ¿qué libro navideño estáis leyendo o escribiendo?







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